JESÚS, EL
HIJO DEL HOMBRE.
Su madre
era Israel (María) y su Padre es puro amor, un amor que permite al hombre ser
plenamente libre y al que le promete no intervenir nunca ante sus decisiones
sean o no acertadas; lo llama Abba (Papá).
A los ocho
años se enfrentó con el Templo de Jerusalén. Les dijo a los sacerdotes que el
tiempo de la religión había terminado. Dios solo quiere que nos amemos los unos
a los otros.
Cuando se
bautizó el cielo se partió en dos. Dios era visible en el amor que nos teníamos
los unos a los otros; no había necesidad ya de darle ningún tipo de culto.
El demonio
en el desierto le pidió que transformara la piedra en pan si tenía hambre.
Jesús le dijo que cada hombre debe crecer por él mismo y no debe mendigar que
sea otro el que le consiga sus proyectos. Nadie debe impedir el pleno
desarrollo humano. Nadie debería vender su dignidad o libertad para que sea
otro el que mediatice tus proyectos personales.
El demonio
le pidió a Jesús que saltase del Templo. Cuando todos lo viesen volar lo
seguirían y le harían su líder. Jesús le dijo que la fama no permite que nadie
te conozca realmente como eres. Todo el mundo se forja una idea distinta y no
te siguen a ti, sino a esa idea que se apodera de ellos. Dios no hace
espectáculo ni milagros prodigiosos. Dios actúa sólo desde el amor que cada uno
depositamos en los demás.
El demonio
le pidió a Jesús que se arrodillara ante él, a cambio le ofrecía todas las
riquezas del mundo. Jesús le dijo que el dinero no desarrolla al hombre, solo
el amor por los demás incondicionalmente le descubre quién es realmente, su
realidad y el porqué de su existencia. El fuerte no es el que posee dinero,
sino el que es capaz de desprenderse de él por amor al hombre.
Jesús fue a
una boda con amigos religiosos. En esa boda les explicó que los ritos
religiosos (agua) para agradar a Dios habían terminado. Que a Dios lo único que
le agrada es que nos amemos los unos a los otros (vino). Y los que creyeron
transformaron su pensamiento, el agua se transformó en vino. Los ritos
desaparecieron cuando apareció el amor en sus vidas.
Jesús
eligió a un grupo de judíos nacionalistas para que abandonaran su forma de
pensar y descubrieran que el único Dios que existe nos ama a todos por igual.
Ese mensaje sería el que tenían que enseñar para poder pescar hombres. Éstos lo
siguieron… pero la mayoría lo abandonaron porque no llegaron a aceptar,
realmente, su mensaje de amor incondicional.
Cuando
Jesús murió, Simón recordó cuando enseñaba ritualismo judío haciéndolo pasar
por el mensaje de Jesús. Casi nadie tenía ningún tipo de interés por formar
parte de la comunidad cristiana. Ya de mayor entendió el mensaje de Jesús; lo
único que tenía que enseñar era el amor de unos con otros. Ese amor acercaba a
todos a la comunidad que podía vivir en paz y ser en ella, cada uno, plenamente
libre. Jesús nunca fue religioso y su Padre menos.
Jesús entró
en una sinagoga para enseñar que el Reino de Dios ya estaba aquí y que solo
teníamos que amarnos; la religión había muerto como forma de relacionarnos con
Dios. Pero los sacerdotes empezaron a insultarlo como si fueran espíritus
inmundos; no concebían un Dios amor; sino uno vengativo y celoso que deseaba
ser permanentemente adorado. Jesús tuvo que marcharse, lo hubieran matado… en
nombre de Dios.
Se le
acercó un hombre que no practicaba la religión judía y la sociedad se apartaba
de él como si fuera un leproso. Jesús le tocó y le dijo que Dios solo vive en
el amor de los hombres, que la religión ya había muerto. Vives en un mundo de
ciegos y eres de los pocos que pueden ver. Vete en paz. Ya nunca se sintió sólo
aunque todos siguieran apartándose de él.
Pedro le
contó a Juan Marcos (y lo recogió Lucas el evangelista) como Jesús Resucitado,
aunque tardó mucho tiempo, llegó a curarle de su fanatismo religioso (ceguera)
y le permitió ver en el amor a los demás la presencia de Dios en nuestras
vidas. Abandonó la Iglesia Judeo cristiana de Jerusalén dirigida por Santiago
(Iglesia Católica), que no transmitía el mensaje de Jesús, y se marchó a
Antioquía con la auténtica comunidad cristiana.
Jesús
enseñó a María (pueblo judío que permanecía fiel a Dios) que la religión
esclavizaba y sometía al hombre; aquellos que optaron por Jesús (lo tocaron)
frente a la institución quedaron limpios de sus males (12 años de hemorragias).
Para seguir a Jesús hay que tocarlo, sentirlo y experimentar su mensaje, que
Dios ama plenamente al hombre y busca que él también ame plenamente a su
hermano.
Jesús ayuda
al sacerdote Jairo a que su comunidad de fieles (hija) entiendan que Dios los
ama y los quiere y solo desea el amor de unos para con otros. Cuando esa
comunidad que yace muerta con tanta norma religiosa reconoce en Jesús la
verdad… Resucita. El ser humano que cree que Dios es religioso se va durmiendo
poco a poco hasta fallecer. Para despertar hay que aceptar que Dios es sólo
amor… no hay más.
Jesús está con
el grupo de seguidores (Marta y María) que todavía tienen miedo a la muerte. No
entienden que estamos de paso y que la verdadera vida, fruto de nuestro amor,
no puede terminar nunca. Lázaro era una buena persona, por eso no puede morir.
No podéis seguir buscándolo en la tumba… ya está con mi Padre; ¿Creéis esto? Y
cuando la respuesta fue afirmativa, Lázaro salió de la tumba de sus mentes
porque seguía vivo.
Bienaventurados
los que vivís felices con poco, los prepotentes os llamarán pobres; pero es
justo al contrario… Estaréis dichosos y alegres al ser conscientes de que poco
necesitáis para estar en paz y entonces, sin saber cómo, descubriréis que
tenéis a Dios por Rey; el Rey del amor. Y sentirse amado por Él os llenará
tanto que viviréis sin miedo a la muerte.
Dichosos
aquellos que sufrís por enseñar el mandamiento del amor a los demás, aunque se
rían de vosotros y os critiquen o amenacen… seréis dichosos; porque yo estoy
con vosotros y vosotros conmigo ahora y en vuestra marcha a mi casa. Los que
experimentáis la fuerza del amor sabéis perfectamente que os digo la verdad.
Dichosos
los que sois menospreciados y ridiculizados por las élites y privilegiados por
vuestra humildad y por la entrega de vuestro amor incondicional a los demás;
sois mis verdaderos hijos y yo camino siempre con vosotros hasta el día en que
os conduciré a mi casa junto a mi Padre.
Dichosos
los que habéis sufrido la injusticia permanentemente de este mundo insolidario
hasta el final de vuestras vidas… Yo siempre estoy con vosotros, no puedo
cambiar ninguna situación injusta sin atentar contra vuestra libertad; ahora…
tras la resurrección; os sentaréis a mi lado.
Dichosos
los que siempre habéis estado dispuestos a ayudar a los demás, sin distinción
de credo, raza, nacionalidad o condición sexual… sois mis auténticos hermanos y
nuestro Padre os conducirá, tras vuestra resurrección, a un sitio reservado
sólo para vosotros.
Dichosos
los que no pensáis mal de los demás y siempre les otorgáis la oportunidad del
perdón porque creéis que pueden cambiar; sois limpios de corazón y eso os
permite poder ver el rostro de mi Padre permanentemente.
Dichosos
los que trabajáis para que siempre haya paz entre vosotros, eliminado la
violencia, la discordia y la confrontación por un poco de comprensión,
tolerancia y amor. Dios os reconoce siempre como sus hijos.
Dichosos
los que no renunciáis a amar a los demás, aunque estos os traicionen y os
decepcionen… Dios será vuestro Rey y vosotros sus hijos.
Dichosos si
os insultan, os persiguen u os calumnian por enseñar que el amor es la única
opción para poder convivir los unos con los otros; por enseñar el perdón y la
reconciliación. Recordad siempre que a mí me hicieron lo mismo, pero yo vivo
eternamente… al igual que vosotros.
Vuestro
mensaje de que debemos amarnos incondicionalmente es la sal de la tierra. Pero
si con vuestras obras no lo practicáis… lo que decís no sirve para nada y esa
sal es pisoteada por la gente y mi mensaje es ridiculizado por aquellos que no
desean la libertad del hombre.
Vuestro
mensaje de amor incondicional entre nosotros es la luz del mundo. Terminará con
los conflictos, las guerras y el odio. Pero si no lo practicáis los unos con
los otros lo que hacéis es esconder esa luz para que nadie la vea; y si nadie
la ve… ¿Es posible el cambio en el hombre? Lo que yo enseño, si no lo ven en
vuestras obras, ¿podrá ser seguido y aceptado como forma de vida?
Yo no tengo
nada que ver con la Ley judía ni con los mandamientos de Moisés. Mi único
mandamiento es que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Si lo
hacéis, estaré presente y me veréis. ¡No perdáis el tiempo adorándome… es lo
último que deseo! Mi deseo es que os améis los unos a los otros, yo no he pido
nunca que me améis o me adoréis. Además, yo solo puedo ser amado en tu amor a
tu hermano; no existe ninguna otra forma de amarme.
Rezad así:
“Padre nuestro del cielo, proclámese ese nombre tuyo, llegue tu reinado,
realícese en la tierra tu designio del cielo, nuestro pan del mañana dánoslo
hoy y perdónanos nuestras deudas, que también nosotros perdonamos a nuestros
deudores; y no nos dejes ceder a la tentación, sino líbranos del Malo”.
La suegra
de Pedro había enfermado por culpa de su fanatismo religioso que no le permitía
encontrar la paz. Jesús le enseñó a amar a todos, sin distinción… Ella se
levantó y se puso a servirle. Cuando dejas de odiar a tu hermano empiezas a
amarte a ti y tu vida… comienza a cobrar sentido.
Jesús se
encontró con Mateo, recaudador de impuestos que vivía para empobrecer a los
suyos y enriquecerse a su costa. Jesús le habló del amor como el único camino
que merecía la pena ser vivido… y lo dejó todo para seguirle.
Los
discípulos judíos de Jesús, que no entendieron su mensaje, después de la muerte
de Jesús enseñaban un cristianismo basado en rituales y normas idéntico al
judaísmo, olvidándose del mandamiento del amor a los demás. Su barca se
tambaleaba porque faltaban a la verdad de Jesús; hasta que, a veces, después de
mucho tiempo, recapacitaron y enseñaban sólo el mandamiento del amor… entonces
la tempestad se calmaba.
Dos
esclavos llenos de odio hacia sus amos encadenados a su ira se acercaron a
Jesús para que los liberase. Jesús les dijo que solo el amor y la paciencia les
liberaría de esos grilletes. Ellos le escucharon, se liberaron de sus cadenas y
alejaron sus pensamientos destructivos de sus vidas para siempre (el odio y el
rencor quedaron ahogados en el mar).
Se presentó
ante Jesús, lleno de ira y de odio, un fanático religioso que no podía
expresarse al no tener amor. Jesús le abrió los ojos al amor, al perdón, a la
aceptación de todos tal y como son. Él lo entendió, abrazó a Jesús y habló por
primera vez con palabras que irradiaban perdón y paz. Todos se quedaron
sorprendidos, pues era un fanático violento.
Yo soy
vuestro pastor y vosotros mis ovejas. Yo os pido que améis en mi nombre a todo
hombre en este mundo hasta mi regreso y vosotros sólo tenéis que hacer eso.
Pero tened cuidado con aquellos poseídos por el oído y la maldad, el deseo de
dinero, fama o poder; son lobos que han renunciado al amor de manera definitiva
y sólo desean destruiros, pues no pueden veros, les recordáis lo que tenían que
haber sido y nunca serán porque no saben amar.
Mi mensaje
debería traer la paz entre vosotros, pero no será así; traerá la violencia de
la espada de unos contra otros porque la maldad llegará a poseer a muchos que
usarán la violencia para eliminaros de este mundo. La luz de vuestro amor les
ciega y encoleriza hasta provocarles el deseo de vuestra destrucción.
Jesús,
delante de sus seguidores habló a su Padre y le dio gracias; porque había
revelado a toda la humanidad su mandamiento del amor. Porque todos podían
comprender que la vida solo tenía sentido desde el amor; que la felicidad es
imposible sin amor y que el amor es el único camino para encontrarse con Dios.
Se entristeció porque los soberbios, vanidosos, religiosos y ricos tenían muy
difícil entenderlo; sin embargo, los humildes lo comprendían perfectamente.
Jesús echó
a andar por lo sembrado y sus discípulos, que tenían hambre, arrancaron espigas
para hacer pan. Los fariseos le echaron en cara que esto no se podía hacer en
sábado porque la ley lo prohibía. Jesús los miró con pena y les dijo: ¡Todo
hombre está por encima de cualquier ley! ¡La ley está para servir al hombre, y
no al revés!
Jesús
observó como la religión atrofiaba el pensamiento del pueblo que no podía
ejercitar con sus manos sus propios sueños y proyectos personales. Se acercó al
pueblo y le dijo que lo único que quiere Dios del hombre es su amor a los
demás. Si no obedecen los preceptos religiosos podrán construir con sus manos
lo que deseen. Y el hombre… le escuchó y recobró la movilidad de sus manos.
Jesús
hablaba con muchos que no eran judíos; éstos se acercaron a él (su madre y sus
hermanos) para que los dejara y se dedicara solo a ellos. Jesús les dijo que su
madre y sus hermanos serán siempre los que se consagren al amor a los demás; da
igual el sexo, la raza o la cultura a la que pertenezcan.
Dios ha
sembrado amor accesible para todos los hombres, algunos lo rechazan nada más
sentirlo, otros lo rechazan en cuanto surge el compromiso, otros son incapaces
de comprometerse fielmente con él, pero algunos lo aceptan y dan fruto… primero
un poquito, luego un poquito más y al final… lo dan todo por ese amor.
Yo siembro
amor (semilla) para que tú puedas comer y ser feliz en esta vida. Otro, siembra
deseos de poder, fama y dinero (cizaña) como el único objetivo para ser feliz.
Yo no puedo ir contra vuestra libertad y no voy a actuar ahora… debería ser
vuestro corazón quien os dijera si merece la pena vivir con la semilla
-felicidad y paz- o la cizaña -infelicidad eterna-.
El Reino de
mi Padre es como un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. Es la
más pequeña de las semillas, pero cuando crece, sale por encima de las
hortalizas y se hace un árbol; todos los pájaros tienen cabida en él. Todos
podéis amar y desde el amor conocer a mi Padre y el sentido de vuestra
existencia; no tenéis que hacer nada más.
El Reino de
mi Padre es como la levadura que metió una mujer en medio quintal de harina;
todo acabó por fermentar. Vosotros, los que me seguís y habéis comprendido el
mensaje del amor sois mi levadura; introducíos en la humanidad y hacedla crecer
en ese amor que los transforme y les devuelva la ilusión por vivir.
Jesús
enseñaba a la gente; se hizo tarde… Algunos tenían recursos y otros no tenían
nada que comer. Jesús les dijo a sus seguidores que compartiesen lo que tenían
con aquellos que no tenían nada. Todos comieron hasta saciarse y sobró comida.
Lo que cambia el mundo no son los prodigios o maravillas de algunos; sino el
amor de todos con todos en el compartir.
A Jesús le
seguían multitudes de personas rechazadas como impuras por la religión judía,
al no poder observar sus preceptos. Él los tocaba y les decía que su “Padre”
los amaba incondicionalmente y que tenían que rechazar a los sacerdotes y a la
ley judía porque eran una gran mentira que solo busca el control mental y la
manipulación humana. Los que le creían se curaban porque abandonaban
definitivamente la religión.
Jesús
reprochaba a los sacerdotes su empeño en creer que Dios hace milagros o
prodigios físicos. Mi “Padre” ama al hombre incondicionalmente y nunca atentará
contra su libertad. Los únicos milagros que se dan en el mundo son los que se
producen cuando un hombre descubre el amor en su vida y se pone al servicio de
los demás.
Jesús le
decía a la gente que tuviera cuidado con la levadura que transmiten las
personas religiosas. Se mete en las mentes de la gente y las destroza. El
mensaje religioso suele hacerte creer que eres mejor que los demás, que eres
superior, que sólo tú eres el elegido de Dios y que puedes juzgar a los demás y
considerarlos pecadores porque sólo tú eres puro a los ojos de Dios. Y todo eso
es una gran mentira porque Dios ama a todos sus hijos.
Los
discípulos judíos sintieron que Jesús era el enviado de Dios, pero no podían
olvidarse de la Ley Judía y lo equiparaban a Elías y a Moisés. En el monte se
escuchó la voz de Dios… “Sólo Jesús es mi Hijo, escuchadlo a Él y dejad ya el
Antiguo Testamento”. Así que las imágenes de Elías y Moisés desaparecieron.
Pero… seguían sin entenderlo. Jesús les pidió que no contaran nada porque no
entendían la novedad que Él representaba.
El pueblo
judío sufría (epiléptico) porque esperaba una solución milagrosa por parte de
Dios (Fuego = Elías; Agua = Moisés) para salir de la opresión romana. Los
sacerdotes les pedían que confiaran ciegamente en Dios, que ellos no podían
hacer nada. Jesús, al contrario, les enseñaba que tenían que empezar a cambiar
sus vidas, a ser autónomos de los sacerdotes, a ser buenos los unos con los
otros. Roma no arrasaría un Israel que colabora y es pacífico.
Los
discípulos judíos le preguntaron ¿quién era el más grande de ellos para Él?
Jesús les pidió que miraran a los otros seguidores que cocinaban y echaban leña
en el fuego para que ellos pudieran comer y no pasar frío esa noche. Y los
discípulos los miraron; y Jesús les dijo: los que sirven a los demás
(chiquillos = servidores) son los más grandes en el Reino de mi Padre y estarán
sentados a mi lado el día de mi Resurrección.
Jesús les
dijo a sus discípulos: ¡Ay de aquellos que dicen enseñar mi mensaje; pero
roban, engañan, mienten, buscan su propio beneficio, lo único que desean es conseguir
dinero, fama y poder; abusan sexual y psicológicamente de los niños, se quedan
los bienes de las viudas y los ancianos; más le convendría que le colgasen al
cuello una rueda de molino y lo sepultaran en el fondo del mar! Sin la
experiencia del amor en vuestras vidas, nunca digáis que sois cristianos.
Vosotros
sois mis ovejas y yo vuestro pastor. Daré mi vida por vosotros, porque os amo.
Si uno se pierde no dejaré de buscarlo. Pero ¡Tened cuidado! El mundo está
lleno de personas, sobre todo las religiosas, dispuestas a confundiros
haciéndoos creer que mi mensaje es otro distinto al amor; lleno de ritos y
tiempos litúrgicos, de personas mejores que otras por su cumplimiento religioso.
Son como lobos que os quieren comer, ¡no os fieis nunca de ellos!
Aprended a
perdonar al que se arrepiente y aprended también a olvidar el dolor que provocó
en vuestro corazón la traición cometida. No os apartéis del amor, que el odio
nunca se apodere de vosotros, ni el rencor.
Jesús les
dijo: El amor que os sentís el uno por el otro es lo que os une. Dios reconoce
esta unión cada día de vuestra existencia si os amáis. Si algún día, ese amor
desaparece, seguid cada uno vuestro camino en paz, porque Dios os sigue amando.
Nadie debe estar unido a otra persona sin amor, no os engañéis ni os
traicionéis… Hablad las cosas y tomad las decisiones que os permitan estar en
paz… siempre.
Jesús preparaba
un fuego para cenar, unos chiquillos se acercaron a ayudarle y echaron más
leña, pero los discípulos judíos intentaban apartarlos de Jesús. Él les dijo:
Dejad que todos los que ayudan a los demás por amor se acerquen a mí; ellos son
mis hermanos y los amo. Les abrazó y agradeció su cariño por Él, y reprochó a
sus discípulos su afán de protagonismo.
Se le
acercó un joven rico que cumplía lo importante de la ley judía; pero no era
feliz. Jesús le dijo que cumplir normas religiosas no trae la felicidad, y
pensar que la acumulación de dinero te traerá la seguridad y la felicidad…
tampoco. Le dijo que diera todo a los pobres y lo siguiera; tu vida puede
acabar en este mismo instante y sólo merece la pena vivirla llenándola de
momentos de amor; de tus amigos, tu familia, tus compañeros. El cielo… lo
tienes garantizado en el amor.
El mundo es
mi viña y vosotros mis jornaleros. Algunos estáis conmigo desde el principio,
otros se irán incorporando más tarde; pero a todos les pagaré lo mismo… la paz
que les trae el cielo. Y empezaré por los últimos, porque son los que más han
sufrido hasta que me han encontrado; y acabaré con los primeros… que deberían
estar orgullosos porque llevan conmigo desde el principio. Si no es así, es que
algunos que me siguen no han entendido el mensaje.
Santiago y
Juan, que siguen pensando que Jesús va a usar la violencia para conseguir el
poder y derrocar al sumo sacerdote, quieren pedirle sentarse a su izquierda y
su derecha el día de su gloria. Jesús les replicó que no sabían lo que decían.
A su derecha e izquierda sólo pueden sentarse quien su “Padre” quiera… y les
dijo al oído: Dios a quien quiere es a los sencillos y humildes que no desean
jamás ni dinero, fama o poder… ni primeros puestos.
Jesús entra
en un borrico a Jerusalén. La gente cree que es el hijo de David que traerá con
la fuerza la gloria de Israel; no entienden su mensaje de amor. Lo identifican
con un segundo Moisés, que va a usar su poder para derrocar a los que gobiernan
y hacerlo Él. Los mismos que arrojan sus mantos a sus pies, en poco tiempo, le
pedirán a Pilato que lo crucifiquen.
Los
sacerdotes tienen tanto deseo de dinero que son capaces de engañar a los más
pobres, que lo único que pueden pagar son palomas para el sacrificio, para
quitárselo todo. Jesús está cansado de que haya tanto ladrón y de que la gente
sea incapaz de darse cuenta del timo de la religión. Dios no quiere ningún tipo
de sacrificio; los aborrece.
Jesús les
dijo a los suyos: Esta higuera es el templo de Jerusalén; parece hermosa, pero
ya no da fruto. Dios eligió a Israel (higuera) para enseñar a todos los pueblos
el amor de Dios por el hombre (fruto). Israel ha sido infiel a su misión y por
eso no da fruto. El hombre aprenderá a apartarse de ella y de toda religión en
el futuro; Dios no necesita intermediarios para llegar al corazón de cada uno.
El Padre le
pidió a un hijo que fuera a trabajar a la viña (Israel), le dijo que sí pero no
fue. Le pidió al otro hijo que fuera también a trabajar a la viña (creyentes
convertidos), le dijeron que no, pero fueron. ¿Quién cumple mi palabra? Los
religiosos ritualistas dicen a todos que están conmigo, pero no lo están, van a
lo suyo… no transmiten mi mensaje. Los que practican el amor con el prójimo son
los que cumplen mi mensaje, aunque al principio les costara transmitirlo.
Israel era
mi viña, iba a transmitir el amor de Dios por los hombres. Los sacerdotes me
asesinaron cuando iba a pedirles cuentas. La religión judía ha dejado de servir
para conocernos a mi Padre y a mí. La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular. Sólo a través del amor podréis llegar a verme.
Mi Padre os
ha invitado a todos a mi boda; la entrada se consigue con vuestra demostración
de amor a los demás. Los ricos y poderosos están también invitados, pero no
pueden entrar poque no son capaces de pensar más que en ellos mismos. No tienen
traje para esta fiesta y tendrán que irse. Muchos son los llamados, pero pocos
los escogidos.
Jesús dijo
a la gente: No imitéis las obras de estos sacerdotes hipócritas, lo que ellos
dicen que hay que hacer, no lo hacen. Sólo buscan llamar la atención de la
gente, buscan los primeros puestos en los banquetes, los asientos de honor en
las sinagogas y que les hagan reverencias por las calles y los llamen “Rabbí”.
Vosotros nunca os dejéis llamar ¡Maestro!, porque sólo Dios lo es. Y llamadle
“Padre” sólo a Él. Todos somos sus hijos. Ningún hombre es ¡Santo Padre!
El
fanatismo religioso y nacionalista acabará haciendo desaparecer la historia de
Israel forjada desde Abraham. Si hubieseis vivido en el amor, el respeto y la
concordia hubierais sobrevivido a esta catástrofe; pero os habéis apartado de
mí, me habéis asesinado y al hacerlo os habéis condenado a vosotros mismos.
Algunos ya
son siervos fieles y sensatos, se consagran al amor y a trabajar por los demás.
Otros dejan la misión para más tarde y se quedan dormidos. Yo llegaré el día en
que menos lo esperes y no tendrás tiempo para rectificar… y no podrás
conocerme.
Ten siempre
tu luz preparada, ejercita constantemente tu amor por los demás; yo llegaré en
cualquier momento y no debes salir a recogerme con la luz apagada; no podrás
llegar a verme si vives sin amar a los demás.
Yo os doy
distintas capacidades; ponedlas en práctica para el amor. Lo que no puedes hacer
es negarte a amar pues cuando llegue, no podrás decir que ese don, el de dar
amor, no lo ejercitaste porque te suponía un esfuerzo. Sin amar a los demás… no
puedes llegar a conocerme.
¡Venid,
benditos de mi Padre! Porque actuasteis con amor con el hombre. Daba igual
vuestra condición, raza, cultura o fe. No os quedasteis pasivos ante la
injusticia y luchasteis contra ella. Los ricos y poderosos que no hicieron nada
por nadie, pudiendo hacer mucho… ya no me conocerán, ni conocerán a mi Padre.
Cuando amabais a un hermano me amabais a mí; cuando no amabais a nadie no
podíais amarme. Nunca quise vuestras prácticas religiosas.
Una
discípula de Jesús lo unge con un perfume carísimo. Los Doce se lo echan en
cara a Jesús, podría haberse vendido y dar el dinero a los pobres. Jesús les
dijo que los cristianos no estábamos en el mundo para dar de comer a los
pobres; estamos aquí para hacer crecer al hombre y desarrollarlo plenamente en
el amor; si hay que darle de comer primero, se hace… pero ese no es el
objetivo. Esta mujer me ama y me sigue; no se lo reprochéis nunca.
Judas
vendió el proyecto de amor de Jesús por dinero. Hay personas para los que la
vida consiste exclusivamente en acumular dinero para obtener poder o fama ante
los demás. Jesús, el proyecto de amor para el hombre, requiere una sensibilidad
especial en el ser humano para tomar conciencia de que vivir para obtener cosas
no tiene ningún sentido existencial. Vivir es amar y amar es la vida.
Jesús les
dijo a sus discípulos que uno de ellos lo iba a traicionar; el dinero, la fama
y el poder ciegan al hombre y le impiden ver la opción del amor como la única
que lo desarrolla en plenitud.
Yo soy el
pan de la vida; este pan está hecho para darse a los demás; un pan que enseña a
amar. Vosotros debéis ser el pan que se reparte por el mundo para ser comido
por el hombre y poder abrir su espíritu al amor. Cada vez que os amáis, repartís
mi pan entre vosotros.
Tomad y
beber todos de este vino. Simboliza mi incondicional amor por el hombre hasta
el extremo de dar mi vida antes que huir por miedo a la muerte. Cada vez que
bebáis de él pensad que el hombre merece la pena hasta el extremo de jugaros la
vida por él. Yo ya no beberé de él hasta que vuelva a estar con vosotros en
casa de nuestro Padre.
Pedro,
todavía no estás preparado para comer el pan ni para beber el vino. Hoy mismo
me negarás tres veces y me abandonarás. Pero, yo te cuido, y acabarás
entendiendo mis palabras y terminarás dándolo todo por mí.
Jesús le
dijo a su Padre: ¡No quiero morir!, si puedes, ¡líbrame de este sufrimiento!
Pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú. Sé que tengo que
darlo todo por amor, lo sé. Ayúdame a darlo todo hasta el final. Te amo.
Jesús es
traicionado por Judas con un beso, abandonado por todos sus discípulos y
detenido por la guardia del templo. Todo por la noche, con el miedo a que el
pueblo pudiese rebelarse contra ellos. El que da la vista a los fanáticos, hace
oír a los que no escuchan, levanta del suelo a los que están hundidos y
devuelve la fe a los que la han perdido… debe morir.
Sí, yo soy
el Hijo del Padre; por el amor que doy al hombre estoy sentado a su derecha; y
el día de vuestra muerte veréis con claridad el gran error que cometéis al
negaros a amar al hombre. Dios es amor y todo el que ama al hombre no morirá
nunca.
Pedro no
tiene el valor de dar la vida por Jesús, pero lo ama desde su cobardía. Cuando
le preguntan por Jesús niega conocerle… porque se niega a la vida, se niega al
amor incondicional por encima de la propia seguridad; se niega a la entrega por
el miedo a la muerte. Lo negará tres veces, es decir… lo niega totalmente. El
gallo cantó, el miedo venció, el hombre prefiere someterse antes que vivir con
dignidad, renunciando a experimentar lo que es la vida.
Pilato sabe
que todo es mentira. Es consciente de que Jesús no es ningún criminal y que en
el fondo desean su muerte porque les molesta. Jesús le reconoce que es el Rey
de los judíos; el que va a enseñar el camino del amor a este pueblo. Su reino
no pertenece a este mundo, no es un reino de poder, de fama y de dinero… solo
es un reino que busca el desarrollo pleno del ser humano a través del amor. Esa
es la única verdad… Pilato no lo entiende.
Pilato,
como era la Pascua, ofreció al pueblo liberar a Jesús. Pero el pueblo,
instigado por los sacerdotes, pidió la liberación de un asesino, Barrabás.
Pilato, que no quería problemas por miedo al César, permitió a los sacerdotes
salirse con la suya y mandó crucificar a Jesús. El pueblo que gritaba a Jesús
como Mesías en su entrada a Jerusalén ahora grita para que lo crucifiquen.
Jesús
recibe el odio de un mundo que se niega a amar. Vivimos en un mundo donde
algunos hombres detestan el amor, la paz, el perdón, la reconciliación, el
cariño, la amistad… Viven en el odio más cruel y a lo único que aspiran es a
dominar al hombre para esclavizarlo y someterlo a su antojo.
Judas se
quitó la vida ahorcándose una noche. No sabía cómo seguir viviendo después de
haber asesinado al amor. Su vida ya no tenía sentido, había descubierto que la
dignidad que produce en el ser humano el amor incondicional al hombre era el
culmen de su desarrollo… y había renunciado a él por dinero. Ya no podría
seguir viviendo… pero quería ir con Él.
Muere el
amor, algunos creer poder matar el amor. Algunos creer que el hombre puede ser
dominado, sometido… llevarlo a la esclavitud perpetua del miedo. El centurión
que lo mira es consciente de que Jesús es el hijo de Dios, se convierte ante
una persona que ama hasta el último segundo de su existencia. El amor se
transmite, no muere… y siempre liberará al hombre de la esclavitud del miedo.
Jesús sigue vivo… ha resucitado.
El cuerpo
de Jesús cubierto por una sábana es introducido en la tumba de José de
Arimatea, es casi día de precepto y las mujeres tienen prisa por cumplir la
Ley. Dejan el cuerpo y cierran el sepulcro. No son conscientes de que seguir a
Jesús es no seguir nunca más ningún tipo de norma religiosa. Él vive, pero no
pueden verlo.
María
Magdalena se acercó a la sepultura, la miró y observó que Jesús ya no estaba en
ella. En ese momento comprendió todo lo que Jesús le había dicho; Él no podía
morir nunca, el amor no puede ser destruido jamás. Seguía vivo, y lo estaría
eternamente en todos aquellos que eran capaces de amar hasta el final. En María
Jesús resucitó y tenía claro cuál tendría que ser su destino hasta el final de
su vida.
Pedro
enseñaba junto a la Iglesia de Santiago (la barca) un mensaje ritualista de
Jesús; pero no el amor. Vio a Jesús en la orilla y se lanzó corriendo a su
lado. Lo experimentó, reconoció su error y que el único mensaje que tenía que
transmitir era el del amor a los hombres con sus obras. Abandonó la Iglesia de
Jerusalén, se marchó a Antioquía con sus hermanos realmente cristianos para
nunca jamás enseñar algo que no fuera el mandamiento del amor.
Comunidad
Cristiana de Juan Mateos.
Comunidad
Cristiana de Antioquía.
Comunidad
Cristiana de Jesús.
Para más
información: http://www.labibliaparainteligentes.blogspot.com
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